Teresa Claramunt Creus (1862 - 1931)

Teresa Claramunt Creus (Vida y obra)

claramuntTeresa Claramunt Creus (1862-1931). Nacio el 4 de junio de 1862 en Sabadell, Barcelona, Cataluña, (España) aunque otro dicen que fue en Barbastro, Huesca, Aragón, (España) y falleció el  11 de abril de 19311 en Barcelona, Cataluña, (España).

Fue una dirigente anarcosindicalista española.2

Era una trabajadora del ramo textil y fundó un grupo anarquista en Sabadell influida por Fernando Tarrida del Mármol, con quien participó en la Huelga de las Siete Semanas de 1883, en la que se reivindicaba la jornada de 8 horas.

En octubre de 1884 fue una de las fundadoras de la Sección “Varia de Trabajadores Anarco-colectivistas de Sabadell” tal y como aparece en el Acta de Constitución firmada el 26 de octubre3 por las obreras que habían decidido formar parte de la Federación de trabajadores. Con Ángeles López de Ayala y Amàlia Domingo impulsó en 1892 la primera sociedad feminista española, la “Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona”.

Fue detenida después de la explosión de unas bombas en el Liceo de Barcelona en 1893, y de nuevo fue arrestada durante la represión del Proceso de Montjuic (1896), durante el cual fue golpeada brutalmente, lo que la dejó secuelas para el resto de su vida.

A pesar de no ser condenada por ningún delito, después del juicio fue desterrada en Inglaterra hasta el año 1898.

Fundó la revista “El Productor” (1901) y participó activamente en las reivindicaciones sociales de principios del siglo XX.

En 1903 en su escrito “La mujer. Consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre”, plantea la equiparación salarial entre hombres y mujeres. Considera la educación como culpable del estado de la mujer apuntando su necesaria auto-emancipación.

Colaboró en “La Tramuntana”, en “La Revista Blanca” y dirigió el diario “El Rebelde” durante 1907-1908.

En 1902 tomó parte en los mítines en solidaridad con los huelguistas del metal y con los de la huelga general de febrero de 1902.

Fue nuevamente detenida después de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona en agosto de 1909 y confinada en Zaragoza, donde en 1911 impulsó la adhesión de los sindicatos locales a la CNT y también la huelga general de 1911, lo que la supuso un nuevo encarcelamiento.

Ya muy enferma, la policía registró su piso tras el atentado contra el cardenal Juan Soldevila y Romero en Zaragoza, obra de Los Solidarios, el 4 de junio de 1923, buscando pruebas que la comprometiesen.

En 1924 regresó a Barcelona, pero la parálisis progresiva la alejó de las actividades públicas.

La madrugada del 11 de abril de 1931, un día antes de que ciudadanos de toda España acudieran a las urnas para elegir nuevos representantes municipales, falleció Teresa Claramunt. Fue enterrada el mismo 14 de abril, el día de la proclamación de la Segunda República.

Referencias.

  1. Ajuntament de Sabadell. «Nomenclàtor». catalán. Consultado el 23 de junio de 2013.
  2. Laura Vicente (2006): Teresa Claramunt: Pionera del feminismo obrerista anarquista. Madrid: Fundación Anselmo Lorenzo. Biografías y Memorias, 4
  3. Instituto Asturiano de la Mujer (2009). Depósito legal AS-6530-09, ed. Un año de Mujeres. Instituto Asturiano de la Mujer.

Enlaces externos.

 

Teresa Claramunt Creus, otra biografía

Teresa Claramunt Creus fue una mujer memorable. Poco se sabe sobre su vida pero toda ella estuvo dedicada a luchar por los derechos de los trabajadores y las mujeres. Su lucha influyó tanto en actividades sindicales como en el ámbito educativo.

Teresa ClaramuntNació en Barbastro, Huesca, Aragón, (España) aunque otros dicen que fue en Sabadell, Barcelona, Cataluña, (España), el 4 de junio del año 1862, aunque su familia pronto tuvo que trasladarse a Sabadell.

Aún era casi una niña cuando comenzó a trabajar en la industria textil, por lo que tuvo una formación autodidacta. En ese momento es cuando comienza toda su andadura. Influenciada por las ideas del ingeniero Tárrida de Mármol destacó muy pronto como militante anarquista.

Con sólo 21 años, en 1883, encabezó una huelga general en demanda de la jornada laboral de 10 horas, la llamada “huelga de las siete semanas”. Esta huelga fue uno de los conflictos laborales más importantes que se dieron en Sabadell.

En 1884, organizó un grupo anarquista de mujeres que desarrolló una intensa actividad político-social con la intención de solucionar la situación en la que se encontraban.

Entre 1888 y 1889, unida a su compañero, del que no hay mucha información, llevó a cabo numerosas actividades en Portugal. Todo lo hizo anónimamente, ya que estaba huyendo. A pesar de ello se sabe que colaboró con grupos anarquistas locales.

Teresa Claramunt fue una mujer muy perseguida por la policía, en esta época ya era bastante conocida entre ellos.

En 1893 la detuvieron a la salida de un mitin porque durante el acto fueron lanzadas dos bombas por un tal Santiago Salvador. Su detención no duró mucho tiempo y fue liberada al demostrarse que ella no había tenido nada que ver. Pero en 1896 fue detenida de nuevo porque durante la procesión del Corpus, en Barcelona,Cataluña, (España) estalló una bomba. El autor de esto nunca apareció, pero las autoridades, en su afán de terminar con el fenómeno anarquista llevaron a Teresa, junto a muchos de sus compañeros, a la cárcel de Montjuich. Allí fue víctima de torturas. Soledad Gustavo escribió lo siguiente: “Relatar lo que Teresa sufrió en aquel cautiverio es imposible. Presa en la cárcel de mujeres, azuzada y perseguida por las monjas que interiormente cuidaban aquel establecimiento, paso muchas desazones y solo gracias a su energía pudo salir lo mejor posible de sus manos”.

Después de pasar por esto Teresa no se quedó de brazos cruzados y armó tal revuelo que de nuevo fue llevada a Montjuich y allí estuvo hasta que el Estado pidió 28 penas de muerte y 57 condenas perpetuas de las cuales una era para ella. Pero finalmente fue desterrada gracias a las influencias del que un día la iniciara en todo esto, su amigo Tárrida de Mármol. Teresa se marchó a Londres, Inglaterra, (Reino Unido) y después a París, Isla de Francia, (Francia).

En 1898 volvió a España y fundó, en 1901 la revista “El Productor”, muy importante en el ámbito obrero.

En 1903 ya era bastante conocida en Andalucía y viajó hasta allí, junto a Leopoldo Bonafulla con el fin de difundir su lucha obrera. En esta ocasión también la detuvo la Guardia Civil en Ronda. La llevaron hasta Málaga, Andalucía, (España) y allí la desterraron a Barcelona, Cataluña, (España) de nuevo.

Aunque no escribió mucho, en este mismo año publicó un folleto llamado “La mujer. Consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre”. Aquí la autora critica al hombre que intenta imponerse como autoridad en el ámbito familiar. Muestra unas ideas muy revolucionarias afirmando que la mujer debe emanciparse y esta emancipación la tiene que hacer ella misma. Culpa a la educación de esa dependencia que la mujer tiene del hombre.

Durante la Semana Trágica de 1909, para evitar una nueva detención, sus compañeros la enviaron a Zaragoza, Aragón, (España). Pero en 1911 vuelve a entrar en la cárcel acusada de “agitadora anarquista”. Su condena es de cuatro años. En esta época es cuando tuvo los primeros signos de parálisis. Esto dificultaba un poco su actividad, aunque nunca llegó a rendirse.

Durante algunos años vivió en Sevilla, Andalucía, (España) en casa de Antonio Ojeda, que se ofreció para ayudarla a recuperarse. Pero en 1923 dio un mitin en Sevilla, Andalucía, (España) contra la dictadura y en 1924 volvió a Barcelona, Cataluña, (España). Fue en el año 1929 cuando dio su último mitin.

En 1931, murió debido a la parálisis que había comenzado a padecer durante su última detención.

Texto Representativo

“Dejaos, amigas mías, de esos embustes que os enseñan las religiones todas. Desterrad lejos, muy lejos, esas preocupaciones que os tienen, como a los esclavos del siglo XIII, con un dogal que no os deja moveros para que no penetréis en la senda de la razón. Mi voz no llega a todas vosotras, compañeras queridas; pero seáis las que seáis las que leáis estos renglones que dicta un corazón que siente y un cerebro que piensa, no olvidéis que la mujer se ha de preocupar por su suerte, ha de leer los libros que enseñan, como son las obras ácratas, ha de asociarse con sus hermanas y formar cátedras populares donde aprender a discutir o para ir aprendiendo lo que nos conviene saber.” “A la mujer, fraternidad”. Teresa Claramunt.

‘Historia de Sabadell’: Teresa Claramunt (1862-1931), líder anarquista y pionera femenista

Trazamos una semblanza biográfica de una las figuras más emblemáticas del anarquismo catalán, que adquirió fama internacional y que está considera una de las precursoras del moderno feminismo.

Teresa Claramunt Creus nació el día 4 de junio de 1862 en la calle Lacy de Sabadell. Su padre, Ramón Claramunt, era republicano federal y su madre, Joaquina Creus, una mujer de gran carácter. Su abuelo Ramón provenía de Capellades, núcleo algodonero y papelero. Su abuela Margarita venía de una población lanera del departamento del Aude (Francia). Hija de un batanero francés, se estableció en Sabadell en 1824, donde se casó con Ramón Claramunt. El matrimonio se desplazó a Martorell y Alcoi donde nació Ramón, padre de Teresa, hasta que, en 1849, volvieron a Sabadell. Ramón y Joaquina se casaron aquí a medidos de 1850.

El matrimonio tuvo cinco hijos: María, la mayor, que como ella nació en Sabadell, Teresa, José, también anarcosindicalista, Ángel y Purificación. En 1865 marchó con su familia a Barbastro, donde nacieron sus tres hermanos menores y donde residieron hasta 1875, cuando la familia regresó a Sabadell. En 1884 partieron a Alcoi, excepto Teresa, que permaneció en la ciudad. Estos movimientos se explican por el oficio del padre, mecánico montador de hilaturas, que le obligaba a cambiar frecuentemente de residencia.

Teresa casi no recibió educación. Ella misma se preocupó por su formación y en sus horas libres del trabajo fue a la escuela aprendiendo a leer y a escribir. Desde muy joven, comenzó a trabajar como aprendiza en la fábrica de Vicenç Planas, donde estuvo varios años y se hizo una buena tejedora. Las condiciones laborales de la fábrica eran muy duras e inhumanas con salarios muy bajos y jornadas de entre 12 y 14 horas.

Con apenas 20 años, en mayo 1883, se lanzó por primera vez a la lucha obrera y fue una de las líderes de la Huelga de las Siete Semanas que reivindicaba la jornada laboral de diez horas y que se saldó en un fracaso (más info: La vaga de les set setmanes (1883)”(Huelga de las siete semanas (1883).

En una entrevista concedida al periodista Francisco Madrid y publicada poco después de su muerte, explica que se hizo anarquista tras escuchar una conferencia en “l’Obrera”:

– Fue usted anarquista desde el primer momento.

-¡Oh, no! Incluso la primera vez que oí hablar de anarquismo me sonreí; sospechando que cuanto podía decir sería una utopía, pero al momento de escuchar las palabras de Francisco Abayá y Jaime Torrents en el centro obrero de Sabadell, quedé convencida y afiliada al anarquismo puro.

La represión que siguió a la huelga comportó la creación de diversos grupos clandestinos, entre ellos la Liga Anticlerical Monti Tognetti, fundada en septiembre de 1883, a la que se incorporó junto a José López Montenegro, José Miguel y Antonio Gurri.

El 22 de enero de 1884 contrajo matrimonio civil con su amigo y compañero de lucha, el joven viudo de 27 años, Antonio Gurri Vergés, un tejedor de Granollers. La boda fue oficiada por el juez municipal Olivé, y Marian Burgués, amigo de la pareja, firmó como testigo. El semanario anarquista Los Desheredados”, donde ambos colaboraban, publicó una reseña del enlace que suponía un avance hacia el progreso. Se sabe poco de la vida privada de Teresa Claramunt. A través de las referencias de personas que la conocieron tenemos noticias que tuvo varios hijos. Federica Montseny, en su artículo Los que prepararon la revolución, explica:

Teresa pasando la mitad de su vida en la cárcel y la otra mitad por caminos y carreteras sembrando a manos llenas la idea entre los humildes, los iletrados, los más pobres y desvalidos; Teresa teniendo aún tiempo, en medio de esta vida de lucha y de sacrificio increíble, de parir cinco hijos, de los cuales no le vivió ninguno, y varios de ellos nacidos en la cárcel.

Según el periódico La Tramontana”, de su matrimonio con Gurri tuvo una hija que murió a los pocos meses de nacer a la que puso por nombre Proletaria Libre y otra que llamó Acracia, pues era habitual entre los anarquistas no poner a sus hijos nombres católicos. También se sabe que tuvo un hijo llamado Denuedo. El matrimonio con Antonio Gurri no duró demasiado y se ignora si algunos hijos fueron fruto de otras relaciones. Según Diego Abad de Santillán, en 1901 se casó con José López. Otros historiadores la relacionan sentimentalmente con su colaborador y amigo Leopoldo Bonafulla, pseudónimo de Juan Bautista Esteve.

Precursora del feminismo

Después de la Huelga de las Siete Semanas, Teresa Claramunt formó parte de la dirección del anarquismo sabadellense, asistiendo a las reuniones de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), afiliada a la I Internacional. La primera vez que habló fuera de Sabadell fue en la Sala Tívoli de Barcelona y realizó su primera gira de conferencias a Xàtiva y Alcoi acompañada de Francisco Abayá, dirigente sindical internacionalista, y en la que destacó como una gran oradora.

También fue una precursora del feminismo. En octubre de 1884 fundó la Sección Varia de Trabajadoras Anarcocolectivistas cuya sesión constitutiva se celebró en Ateneo Obrero de Sabadell. 

En 1889 colabora en la fundación de la primera organización feminista creada por mujeres y para las mujeres: la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona.

En 1902 aparece Humanidad Libre”, publicación quincenal editada en Valencia, escrita mayoritariamente por y para mujeres, donde colaboran Teresa Claramunt, Soledad Gustavo, Louise Michel, Emma Goldman o Rosa Lidón.

En 1905 publicó uno de los primeros folletos escritos por una obrera en torno a la condición social femenina: La mujer. Consideraciones generales sobre su estado ante las prerrogativas del hombre”, un texto de referencia del feminismo.

En 1887 participó en el congreso catalán de la FTRE celebrado en Barcelona como delegada del textil. Allí conoció a Juan Montseny, (Federico Urales), padre de Federica Montseny, y representante de la Federación de Reus, iniciando una amistad que duraría toda su vida. También mantuvo amistad con Mateo Morral, a quien conoció desde su infancia. Aquí acaba su trayectoria en Sabadell.

En 1888 emigra a Portugal con Antonio Gurri, a causa de las dificultades para encontrar trabajo y por la ola de violencia que se apoderó de la ciudad.

Activismo y represión

Un año después, en 1889, el matrimonio regresa de Portugal y se instala en Barcelona. Se sabe que durante unos años la pareja vivió en la calle Aurora 19, del barrio del Raval, y a principios de siglo XX en la calle de Mariana Pineda 25 y en la calle de Buenavista del barrio de Gràcia. Desde entonces participa en numerosos y conferencias en los círculos obreros de toda Catalunya. La mayoría de las veces los asistentes a estas conferencias eran perseguidos por la policía, por lo que con frecuencia las reuniones se realizaban por la noche y en los lugares más insospechados como sótanos y descampados. Pronto su radio de acción rebasa las fronteras catalanas. Así destaca la exitosa gira que realizó por el País Valencià  en 1891.

Estudio antropométrico realizado por la Inspección de Seguridad de Barcelona para identificar a los militantes anarquistas
Estudio antropométrico realizado por la Inspección de Seguridad de Barcelona para identificar a los militantes anarquistas

En 1893 los sucesos del Teatro Calvo-Vico, en la Gran Vía barcelonesa, suponen su encausamiento en un consejo de guerra. Tras un multitudinario mitin anarquista, donde ella no pudo participar debido a la prohibición del gobernador civil de permitir la entrada a las mujeres, se produjeron enfrentamientos entre la policía y los asistentes al acto. Hubo intercambio de tiros y se quemó el uniforme de un agente del orden. Las autoridades y la prensa, incluida la liberal, culparon a Teresa Claramunt y a su marido de ser los instigadores de los disturbios. A causa de estos incidentes el matrimonio fue detenido en su domicilio, el 6 de febrero de 1893, y encarcelados en Montjuïc para, tres meses después, ser sometidos a un consejo de guerra junto a otros anarquistas.

El tribunal militar absolvió a Gurri por falta de pruebas y condenó a Teresa Claramunt a cuatro meses de arresto mayor y multa de 125 pesetas, substituidas en caso de insolvencia por un día de prisión por cada cinco pesetas. Así que hubo de continuar en la cárcel al no poder pagar la multa. Desde entonces las detenciones de Teresa se encadenaron casi sin interrupción.

Entre 1893 y 1897 se sucedieron en Barcelona una cadena de atentados anarquistas de extraordinaria virulencia. El 24 de septiembre de 1893 Paulino Pallás, un tipógrafo de Sitges, atentó contra el capitán general de Cataluña, Arsenio Martínez Campos, en la Gran Vía, provocando un muerto y ocho heridos.

El 6 de octubre, como venganza por la ejecución de Pallás, Santiago Salvador lanza dos bombas, de las sólo explotó una, en el Liceo con el resultado de 14 muertos y numerosos heridos. Inmediatamente se suspendieron las garantías constitucionales y se inició una represión indiscriminada donde cayeron inocentes y culpables. Las detenciones se cifraron en 415 personas, casi todas catalanas, entre ellos Teresa Claramunt, que volvió a ser encarcelada en los calabozos de Montjuïc, aunque pronto fue puesta en libertad al demostrarse su falta de vinculación con el atentado.

El Proceso de Montjuïc

El domingo 7 de junio de 1896, al paso de la procesión del Corpus de la Iglesia de Santa María del Mar por la calle de Canvis Nous, estalló una bomba que causó seis muertos y 44 heridos. Sus consecuencias fueron devastadoras. El gobierno quiso dar un escarmiento, se detuvieron centenares de militantes obreros acusados de terroristas o de inductores al terrorismo, y se dio curso al famoso Proceso de Montjuïc. Una macrocausa contra el anarquismo, pero también contra aquellos que manifestaran simpatía por el movimiento obrero aunque no estuviesen implicados en los atentados. Asimismo se clausuraron centros obreros, publicaciones progresistas y escuelas laicas.

El matrimonio Claramunt-Gurri fue detenido por la Guardia Civil, el 14 de junio de 1896, en su casa de Camprodon donde residía desde hacía cuatro meses por motivos laborales. A pesar de no disponer de prueba alguna de su implicación en el atentado de la calle de Canvis Nous, ambos fueron detenidos y trasladados a Barcelona, donde fueron separados. Teresa fue conducida a la cárcel de mujeres, donde permanecerá tres meses, sufriendo el trato inhumano y humillante a las reclusas por parte de las monjas encargadas del centro penitenciario.

Como castigo a su actitud rebelde frente a las monjas fue trasladada al castillo de Montjuïc donde la metieron en un húmedo calabozo. Según ella misma relató, no había más que un jergón, ratas y una manta llena de piojos. Allí permanecerá once meses, desde agosto de 1896 a julio de 1897, esperando la celebración del “famoso y triste proceso”. Desde su celda envió informaciones a diarios progresistas denunciando las torturas a los prisioneros y las condiciones inhumanas de la detención. El tiempo que pasó en el Castillo le dejará secuelas físicas, como el temblor de sus manos, que ya no desaparecería, y una parálisis progresiva.

Dibuix referent als afuselaments del procés de Montjuïc

Dibuix referent als afuselaments del procés de Montjuïc

El consejo de guerra se celebró en diciembre de 1896 a puerta cerrada. Se dictaron ocho condenas a muerte y 67 penas de cárcel. Cuatro meses más tarde se rebajaron las penas de muerte a cinco, ejecutadas el 4 de mayo, y a 20 las penas de prisión. El resto, entre ellos Claramunt y Gurri, fueron absueltos, pero castigados con la deportación al Sáhara español, al considerarlos un “peligro social”. El Proceso de Montjuïc desató una gran campaña internacional de solidaridad con los presos coordinados por el Comité Revolucionario Franco-Español y el Spanish Atrocities Commitee (SAC) británico.

El éxito de esta campaña motivó que el gobierno español permutase el destierro al Sáhara por el exilio en el país que éstos escogiesen, siempre que se pagasen el viaje y que el Estado receptor autorizase su entrada. Teresa y su marido, gracias a las gestiones del SAC, partieron de Barcelona el 3 de julio de 1897 junto con 25 persona hacia Gran Bretaña. En Londres participaron en un gran mitin donde denunciaron las torturas sufridas y acusaron a Cánovas del Castillo de la represión. Teresa Claramunt fue entrevistada en el Club de Mujeres de Londres, en su condición de única mujer encausada en el Proceso de Montjuïc,  que posteriormente fue publicada por el Sunday Times”.

Al no encontrar trabajo en Londres, la pareja se trasladó a Francia donde soportaron unas duras condiciones de vida. Primero se instalaron en Robaix, donde ambos trabajaron como tejedores. Más tarde fueron a París donde Teresa trabajó en una fábrica de corsés y Gurri en un taller de bicicletas.

En febrero de 1898 se le permitió regresar a Barcelona, donde ella se sumó a la campaña por la revisión del Proceso, participando en el gran mitin del Teatro Tívoli.

La Huelga General

En 1901, por primera vez en mucho tiempo, los anarquistas disfrutaron en Barcelona de una libertad casi completa para organizarse. Teresa Claramunt y Leopoldo Bonafulla se integraron en la comisión de propaganda, fundando la publicación El Productor” que fue suspendida tras la huelga general de 1902 y que reapareció en noviembre de ese año. Unas semanas más tarde, apareció en Barcelona otro periódico anarquista, La Huelga General”, financiado por Francisco Ferrer i Guardia, y dirigido por Ignacio Clarià, donde colaboraron los grandes nombres del  anarquismo catalán: Anselmo Lorenzo, López Montenegro, el propio Ferrer y Teresa Claramunt.

Entonces, por influencia del sindicalismo francés, será una ardiente defensora de la huelga general, frente al terrorismo, que será el instrumento para desencadenar la revolución social. Así participó activamente en la organización y agitación para lograr este objetivo como en la huelga del transporte de Barcelona en mayo de 1901 o la del metal de septiembre del mismo año. Sus intervenciones en los mítines fueron decisivas en la primera huelga general de Barcelona, del 17 al 24 de febrero de 1902, que se saldó con 12 muertos y 44 heridos y que le costó volver a ser encarcelada.

Barcelona, durant la Setmana Tràgica de 1909

Barcelona, durant la Setmana Tràgica de 1909

Puesta en libertad en septiembre se desplazó junto a Leopoldo Bonafulla a Andalucía, donde se vivía una situación de extrema agitación social, particularmente intensa en las provincias de Sevilla y Cádiz. La gira estuvo jalonada por las detenciones de ambos en Montejaque y Ronda (Málaga) y Puerto Real (Cádiz).

Sin embargo, esta estrategia no logró ninguno de sus objetivos: ni la oleada de huelgas desencadenaron la revolución social, ni tan siquiera se mejoraron las condiciones de trabajo. Esto provocó un periodo de confusión y desorientación entre los anarquistas e intensas polémicas entre el sector moderado y el radical donde militó Teresa.

Destierro y enfermedad 

La Semana Trágica (1909) volvió a desencadenar una feroz represión contra el movimiento obrero. Teresa Claramunt fue desterrada a Huesca el 1 de septiembre de ese año. Poco después se le permitió instalarse en Zaragoza, en casa del ferroviario catalán Dalmau. Allí colaboró en la organización del movimiento obrero de la ciudad y en la preparación de la huelga general de 1911.

También participó en la fundación de la CNT (1910) y su intervención fue decisiva para que la Federación Obrera de Zaragoza ingresase en bloque en la central anarcosindicalista. Frente a cierto ingenuidad de periodo anterior, la CNT estableció que el sindicalismo debía ser un medio de lucha con el objetivo claro de impulsar la transformación revolucionaria. También se matizó la consigna de la huelga general que no debía declararse para conseguir un aumento salarial o la disminución de la jornada, sino cuando el objetivo fuera la revolución y se asegurase que sería seguida al unísono por todos los asalariados del país.

Claramunt, detrás la primera a la izquierda, en una imagen de 1917-1918. Foto: archivo Antonio Fontanillas.

Claramunt, detrás la primera a la derecha, en una imagen de 1918, junto a Francisca Saperas (detrás la primera a la izquierda). Foto: archivo Antonio Fontanillas.

Como consecuencia de la huelga general de Zaragoza, volvió a ser encarcelada en la prisión de Predicadores de esa ciudad el 17 de septiembre de 1911. El fiscal militar pidió para ella la pena de muerte, aunque finalmente sólo fue condenada a cumplir tres años de cárcel. 

A mediados de 1913, el conde de Romanones sucedió a Canalejas en el poder y concedió una amnistía para los condenados de 1911. Pese a salir de la cárcel, Teresa no pudo volver a Barcelona pues se mantuvo la pena de destierro de la La Semana Trágica. Así decidió quedarse en Zaragoza en casa del anarquista Dalmau. Por estas fechas comenzó a desarrollarse la parálisis progresiva consecuencia de sus largos períodos en la cárcel. Por ello en 1918 se le permitió desplazarse a Barcelona para asistir a un tratamiento médico. Durante su estancia se alojó en casa de su amiga Francisca Saperas. Esta breve estancia será aprovechada para reunirse con las mujeres ácratas en el Centro Obrero de la calle Mercader.

Claramunt, con Antonio Ojeda y sus hijos. Foto: archivo Antonia Fontanillas

Claramunt, con Antonio Ojeda y sus hijos. Foto: archivo Antonia Fontanillas

En 1920, con la salud muy deteriorada, el fotógrafo anarquista Antonio Ojeda la invitó a residir en su casa de Sevilla esperando que el clima mejorarse su enfermedad. En Sevilla permanecerá dos años y continuó militando en el anarquismo aunque limitada por su delicada salud. Las últimas referencias su estancia en Sevilla son de un mitin en la primavera de 1923.

En 1923 se le permite regresar a Barcelona donde residió durante la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, la enfermedad la mantendrá alejada del activismo. En Barcelona se alojó en casa de su hermana Purificación, en la calle Mendizábal 11, donde acudían cada sábado Federica Montseny y otras muchachas para escuchar sus consejos.

Desde 1928, el historiador anarquista Max Nettlau se desplazó con frecuencia a Barcelona para recabar información y solía visitarla. Emma Goldman, la famosa anarquista de origen ruso afincada en Norteamérica, también la visitó atraída por su prestigio internacional.

Las condiciones económicas de Teresa eran muy precarias. En sus últimos años vivió gracias a la solidaridad de sus compañeros. Tomas Herreros se cuidaba de recoger semanalmente una suscripción para sufragar sus gastos. Aunque muy enferma, participó en 1929 por última vez en un mitin en Barcelona.

Teresa Claramunt murió el 11 de abril de 1931, a la edad de 69 años, dos días antes de la proclamación de la República.  El entierro civil se celebró el 12 de abril en el Cementeri Nou de Barcelona. Como no había sepultura para ella fue enterrada en el mismo nicho de Amalia Domingo Soler, aunque después de la Guerra Civil sus restos serían trasladados a una fosa común.

Muchos años después, con motivo de la construcción de la escuela que lleva su nombre en Sabadell, se desencadenó una fuerte polémica a raíz de la oposición del grupo municipal del PP a que dicho centro escolar fuese dedicado a una “terrorista”.

Bibliografia

CASTELLS, Andreu. Sabadell, Informe de l’oposició. O tot o res 1904-1918. Edicions Riutort, Sabadell, 1978.
MASJUAN, Eduard. Un héroe trágico del anarquismo español. Mateo Morral, 1879-1906. Icaria, Barcelona, 2009.
PRADAS BAENA, María Amalia. Teresa Claramunt. La virgen roja barcelonesa. Virus Editorial, Barcelona, 2006.
VICENTE VILLANUEVA, Laura. Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2006.

 

TERESA CLARAMUNT, ANARQUISTA Y MADRE DE PROLETARIA LIBRE

Primeros años

Su padre Ramón Claramunt fue un republicano que llegó a ser alcalde de Barbastro y coronel de las milicias republicanas durante la I República. Su madre se llamaba Joaquina Creus, una mujer de gran carácter que heredaría Teresa. Su educación fue básica, como se estilaba entre la clase obrera de la época. Y porque sus padres creían que era peligroso para una mujer saber leer y escribir. Sin embargo, hemos dicho que Teresa tenía carácter y se empeñó en aprender. Y resultó ser tremendamente inteligente. Federica Montseny dijo de ella:                                                                                                                                                                                         

«Teresa Claramunt era la mujer obrera, la mujer que representaba a la clase obrera, porque además la representaba muy bien: era guapa y bien plantada, tenía una voz impregnante, una voz que atraía de seguida. Se distinguió como una figura excepcional de mujer obrera, sin una gran cultura, pero con una inteligencia natural».

En 1875 la familia se trasladó de nuevo a Sabadell.

Inicio de la militancia

Teresa Claramunt vivió la época de surgimiento del capitalismo y liberalismo, ambos amparados por la Revolución Industrial (especialmente en la zona norte de España). Se defendía la propiedad privada de los medios de producción, la libertad de mercado, el lucro sin medida… Los ricos cada vez acumulaban más y los pobres cada vez menos. La respuesta fue el surgimiento del movimiento obrero. Estos trabajadores vivían en condiciones miserables: jornadas sin límite de horas, sin seguros, sin subsidios, en condiciones insalubres… Las mujeres y los niños trabajaban más horas y cobraban menos todavía.

A la par que capitalismo y liberalismo entre las clases pudientes, entre los trabajadores se asentaban las ideas avanzadas del federalismo internacionalista y los movimientos obreros.

Se casó por lo civil con Antonio Gurri, un compañero de luchas obreras. No duró mucho. Tuvieron una hija a la que apodaron Proletaria Libre, pero murió al poco tiempo de nacer.

Mantuvo varias relaciones y tuvo varios hijos más. En palabras de nuevo de Federica Montseny:

«Teresa pasó la mitad de su vida en la cárcel y la otra mitad por caminos y carreteras sembrando a manos llenas la idea entre los humildes, los iletrados, los más pobres y desvalidos. Teresa tuvo aún tiempo, en medio de esta vida de lucha y sacrificio increíble, de parir a cinco hijos, de los cuales no le vivió ninguno, y varios de ellos fueron nacidos en la cárcel».

La mayor parte de su lucha obrera la desarrolló en Sabadell, un importante enclave de la industria textil catalana, sector en el que trabajaba Teresa. Trabajando en la fábrica fue consciente de cómo vivía la clase obrera.

A Sabadell llegó Guisueppe Fanelli, miembro de la AIT, impregnando el republicanismo y el anarquismo de sus ideas.

En 1882 impulsó, junto con Ángeles López de Ayala y Amàlia Domingo, la primera sociedad feminista española. La Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona.

Fundó un grupo anarquista en Sabadell con la ayuda de Fernando Tarrida del Mármol. Juntos participaron en la Huelga de las Siete Semanas de 1883 reivindicando la jornada laboral de ocho horas. Fue una de las líderes.

La huelga consiguió movilizar a más de 11 000 trabajadores, pero la represión fue brutal. 250 trabajadores fueron despidos, entre ellos Teresa Claramunt. Las condiciones de vida de los trabajadores empeoraron y se prohibió el asociacionismo obrero. La consecuencia fue un cambio de estrategia del anarquismo: de uno más teórico se pasó a uno mucho más activo.

Un año después, en 1884, fundó la Sección Varia de Trabajadoras Anarcocolectivas de Sabadell dentro de la Federación de Trabajadores.

Teresa se convirtió en una de las dirigentes del anarquismo en Sabadell. Brillante oradora aprovechó sus dotes para luchar por una sociedad más justa, más libre y más solidaria.

En 1888, junto a Antonio Gurri, se trasladó a Portugal dos años durante los cuales colaboró con los grupos anarquistas lusos. Cuando regresó a España comenzó a ser detenida una y otra vez como estrategia de intimidación.

La volvieron a arrestar tras la explosión de una bomba en el Teatre del Liceu en Barcelona en el año 1893 [1]. Este lugar se había convertido en símbolo de la burguesía, que encaraba los valores del capitalismo y el liberalismo.

Durante el Proceso de Montjuic[2] de 1896 también fue detenida. La torturaron y la golpearon brutalmente, dejándose secuelas de por vida. No fue condenada por ningún delito, pero igualmente se la desterró a Inglaterra hasta 1898. Inicialmente se había pedido para ella cadena perpetua. Muchos de los detenidos en este proceso fueron condenados a muerte.

Tras el exilio: la lucha más dura

Volvió a España en 1898 y se dedicó a denunciar las injusticias cometidas por parte del poder en los últimos años. Cada vez era más conocida y más respetada.

Fundó la revista El Productor” en 1901 y participó activamente en todas las reivindicaciones sociales que el nuevo siglo había traído consigo.

En 1902 participó en los mítines en solidaridad con los huelguistas del metal y con los de la huelga general de 1902.

Colaboró en LaTramontana”La Revista Blanca”(fundada por los padres de Federica Montseny y dirigió el diario El Rebelde” entre 1907 y 1908.

En agosto de 1909 se produjo en Barcelona la Semana Trágica y Teresa Claramunt fue detenida y confinada en Zaragoza. No sería la última vez. En 1911, tras pedir la adhesión de los sindicatos locales a la CNT y apoyar la huelga general de ese mismo año, fue nuevamente encarcelada.

Intentaron inculparla del atentado contra el cardenal Juan Soldevila y Romero en Zaragoza que había sido obra de Los Solidarios en 1923, sin éxito.

En 1924 regresó a Barcelona, muy enferma. Debido a una parálisis progresiva se alejó de las actividades públicas.

Teresa Claramunt Creus falleció la madrugada del 11 de abril de 1931 y fue enterrada en 14 de abril, el día de la proclamación de la Segunda República.

Ideales y lucha feminista

En 1903 Teresa Claramunt publicó La mujer. Consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre”. En él planteaba la equiparación salarial entre hombres y mujeres, a la vez que consideraba que la educación, o la falta de esta más bien, era la causa de que la mujer careciese de oportunidades y estuviese en una situación de inferioridad. Además, ese déficit de educación que la convertía en sumisa era el que trasladaba también a sus hijos, viciando el vículo. Apuntaba a la necesaria auto-emancipación femenina. Y debía hacerlo ella misma, sin esperar a que el hombre quisiese hacerlo.

«En el orden moral, la fuerza se mide por el desarrollo intelectual, no por la fuerza de los puños. Siendo así, ¿por qué se ha de continuar llamándonos sexos débil? (…) El calificativo parece que inspira desprecio; lo más, compasión. No, no queremos inspirar tan despreciativos sentimientos; nuestra dignidad como seres pensantes, como media humanidad que constituimos, nos exige que nos interesemos más y más por nuestra condición en la sociedad. En el taller se nos explota más que al hombre, en el hogar doméstico hemos de vivir sometidas a capricho del tiranuelo marido, el cual, por el solo hecho de pertenecer al sexo fuerte, se cree con derecho de convertirse en reyezuelo de la familia (como en la época del barbarismo) (…) Hombres que se apellidan liberales los hay sin cuento. Partidos, lo más avanzado en política, no faltan; pero ni los hombres por sí, ni los partidos políticos avanzados se preocupan lo más mínimo por la dignidad de la mujer».

También denunciaba la forma en que las mujeres eran vistas aún en la sociedad republicana, como «subalterna del hombre, carne para su placer, descanso para su trabajo y obediencia para su tiranía». La idea de la inferioridad de la mujer estaba muy arraigada entre los hombres y el autoritarismo era la norma de conducta en la relación entre los sexos, incluso entre los mismos anarquistas.

«Ya lo ves, mujer proletaria, nuestros hijos no inspiran a nadie ningún sentimiento noble. Nosotras, las mujeres obreras, no per­tenecemos al sexo débil, ya que esos sietemesinos consideran muy natural que recaiga sobre nosotras el trabajo pesado de las fábricas. No pertenecemos tampoco al sexo bello, porque nuestros cuerpos destrozados no les despiertan el sentimiento de justicia.

Para ser mujer, según esas gentes, se ha de gastar aromas, se ha de cubrir el cuerpo de sedas y encajes. En nuestro hijo no ven el tierno infante que con sus lloros conmueve a las piedras, que su sonrisa es el sol que penetra en el corazón y su alegre mira­da suaviza las borrascas de la vida. Nada de eso ven. Ya lo sa­béis, obreras, en la sociedad actual existen dos castas, dos razas: la de nosotras y nuestros compañeros y las de esos zánganos con toda su corte. No tendremos pan, ni dicha, ni vida, ni segu­ridad para nuestros seres queridos y para nosotras, hasta que desaparezca del todo esa maldita raza de parásitos. !A trabajar, pues, proletarias; nuestra dignidad y nuestro amor lo exige!».


[1] El anarquista Santiago Salvador, como venganza por la ejecución del anarquista Paulino Pallás (que había participado en el atentado contra el general Martínez Campos) arrojó dos bombas al teatro. Causó veinte muertos.
[2] Juicio militar que siguió al atentado terrorista contra la procesión del Corpus en la calle barcelonesa de Canvis Nous (Cambios nuevos) el 7 de junio de 1896 y que provocó 12 muertos y unos 35 heridos. La represión afectó principalmente al anarquismo obrero de Cataluña, siendo detenidas 400 personas.